Internacionales
«Un clima que ya no existe»: el calor extremo pone a prueba los límites de Europa
El incendio que mató al menos a 12 personas en Almería se inició en una cuneta, por un cable roto del tendido eléctrico, según explicó el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno.
Con vientos de 50 kilómetros por hora, las llamas recorrieron 15 kilómetros en dos horas, más rápido de lo que cualquier protocolo de evacuación podía absorber. Otras 23 personas siguen sin ser localizadas.
Ese fuego, el más letal de la temporada en España, es la cara más brutal de algo que viene ocurriendo en Europa occidental desde fines de mayo y que aún no termina.
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Lo que está pasando, en pocas palabras, es que el continente ya no sale de la ola de calor.
Francia atraviesa su tercer episodio en menos de dos meses. El Reino Unido, el tercero del año. Y cada nueva ola golpea sobre un territorio que no terminó de recuperarse de la anterior. Los suelos continúan resecos de la vez pasada, la vegetación queda lista para arder y la gente arrastra semanas durmiendo mal por las noches tropicales. La rapidez con que se encadenan los episodios es el sello distintivo de este verano en el Viejo Continente, más que cualquier récord puntual.
Los récords, de todos modos, cayeron en cadena. Junio fue el mes más caluroso jamás registrado en Europa occidental, según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus.
Francia vivió sus dos días más calurosos desde que existen mediciones nacionales, con 72 departamentos en alerta roja al mismo tiempo, algo jamás visto desde la creación del sistema en 2004. En el Reino Unido, en la localidad de Lingwood, el termómetro marcó 37,7 grados, casi dos por encima de una marca que resistía desde 1976.
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Un patrón viejo sobre un planeta nuevo
La explicación meteorológica es conocida: un sistema de alta presión que se instala sobre la región y se queda quieto durante días, sin dejar escapar el aire caliente que se acumula debajo. Los meteorólogos lo llaman domo de calor y no tiene nada de nuevo en el verano europeo. Aseguran que no son infrecuentes, pero que las temperaturas lo son.
La red científica World Weather Attribution le puso números a esa diferencia. En el análisis de atribución rápida que publicó tras la ola de junio concluyó que, con un patrón atmosférico casi idéntico, el mismo episodio habría sido unos 3,5 grados más frío hace 50 años. Las noches sofocantes que desvelaron al continente son hoy cien veces más probables que en 2003, el año de la ola que dejó decenas de miles de muertos en Europa. Y un evento que era esperable una vez por siglo ahora ocurre, en promedio, cada 33 años.
El veredicto de ese informe no deja margen: «Las emisiones procedentes de los combustibles fósiles han agravado rápidamente las olas de calor en Europa en apenas unas décadas».
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Además, existe un agravante regional.
El continente se recalienta a un ritmo que casi duplica el promedio planetario, y eso se nota en cómo caen las marcas: las temperaturas de este junio no superaron los registros históricos por décimas, sino que los pasaron por encima con grados enteros de diferencia, algo muy poco frecuente en climatología. Por eso los 40 grados dejaron de ser exclusivos del Mediterráneo y empezaron a sentirse con más frecuencia en capitales como París o Londres.
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El fuego, la consecuencia más visible
Sobre ese suelo recalentado, cada chispa encuentra condiciones ideales. España acumula 50.384 hectáreas quemadas entre enero y el 1 de julio, casi el 40% de todo lo que ardió en la Unión Europea, según el sistema europeo EFFIS.
Francia lleva más de 25.000 hectáreas, el doble que a esta altura de 2025, con 8.000 focos registrados. Este viernes 10 de julio, 64 departamentos franceses estaban bajo peligro muy elevado de incendio; en el pico de 2025 habían sido 29.
La situación obligó a improvisar. Francia analiza usar por primera vez contra las llamas el avión militar A400M, capaz de cargar 20 toneladas de agua, el triple que un Canadair, y ensamblado en la planta de Airbus en Sevilla.
«Se trata de un comienzo de verano excepcionalmente intenso», declaró el director general de la Seguridad Civil francesa, Julien Marion, en una comparecencia ante la prensa al término de la reunión del gabinete de crisis que encabezó el primer ministro Sébastien Lecornu este viernes.
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Sociedades que llegan al límite
Pero el calor no mata solo con fuego. Mata sobre todo en silencio, y ahí está la gravedad del problema europeo.
La ola de fines de junio dejó al menos 2.000 muertos en Francia, la mayoría ancianos. En España, al menos 1.028 personas murieron en junio por causas vinculadas a las altas temperaturas, más del doble que el año pasado, según datos recogidos por la prensa española.
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Desde el 19 de junio, además, 131 personas se ahogaron en Francia, muchas de ellas menores que buscaban refrescarse en zonas de baño sin vigilancia, según detalló la ministra de Deportes, Marina Ferrari.
En otras palabras, el calor avanzó más rápido que la adaptación. Francia anunció que distribuirá 30.000 equipos de climatización para sus hospitales, un reconocimiento claro de que llegó a la tercera ola del año con su sistema sanitario sin refrigerar. También activó el plan ORSEC, que prevé centros de refresco para personas mayores y sin techo, capitalizando «la experiencia de las últimas olas», según explicó la portavoz del Ejecutivo, Maud Bregeon.
El caso británico es todavía más significativo porque el diagnóstico lo presentó el propio Estado. El Comité contra el Cambio Climático, el órgano independiente que asesora al Gobierno, lo advirtió con crudeza en sus informes: el Reino Unido «fue construido para un clima que ya no existe».
Las casas victorianas retienen el calor, la línea Central del metro de Londres roza los 40 grados y más de mil colegios cancelaron clases en junio porque no podían garantizar condiciones seguras para los alumnos.
El exceso de muertes por calor ya oscila entre 1.400 y 3.000 por año y podría llegar a 10.000 hacia 2050 si no se toman medidas adicionales, según el mismo organismo.
Friederike Otto, climatóloga del Imperial College de Londres, viene advirtiendo que las señales estaban a la vista. «Nuestro primer día de 40 grados debía ser un llamado de atención, pero está claro que alguien apretó el botón de posponer», señaló en declaraciones difundidas a la prensa durante la ola de junio, en referencia a 2022, cuando el Reino Unido alcanzó esa temperatura por primera vez en su historia.
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Lo que viene
La ola actual durará al menos hasta el 14 de julio, cuando Francia celebre su fiesta nacional con gran parte del país todavía bajo alerta por calor. Luego las temperaturas descenderán, hasta la próxima. La pregunta que se hacen los servicios meteorológicos ya no es si habrá otro episodio este verano, sino cuánto falta y sobre qué territorio va a caer.
World Weather Attribution lo explicó claramente en su informe como advertencia general: «El calor extremo ya está alcanzando los límites de la capacidad de nuestras sociedades para hacerle frente».
Europa construyó sus ciudades y planificó sus veranos contando con un clima templado que ya no está garantizado. La ola actual va a ceder en algún momento de la semana que viene, pero el problema de fondo no.
Con EFE y medios locales
